sábado, 21 de febrero de 2009

El Libro del Pueblo de Dios con notas y concordancia

El texto del presente material corresponde a la versión “El libro del Pueblo de Dios”, que fuera traducido de los originales hebreo y griego por Mons. Alfredo B. Trusso y Mons. Armando J. Levoratti de la fundación Palabra de Vida, quienes durante más de veinte años de arduo, tenaz y constante trabajo lograron hacer llegar la palabra de Dios a nuestra gente de un modo más sencillo de comprender, siendo la única versión en castellano hecha íntegramente en América.

En la República Argentina se han realizado hasta el presente catorce ediciones. Es importante destacar las cincuenta y ocho ediciones del “Libro de la Nueva Alianza”. Varias conferencias Episcopales de América han adoptado su texto para los leccionarios de la Misa y los Sacramentos.


Incluye introducciones a los libros bíblicos, notas aclaratorias e introducciones parciales de las distintas partes de cada libro, como un medio de facilitar y hacer más inteligible su lectura.

Traducción aprobada por las Conferencias Episcopales del Cono Sur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile) para el uso litúrgico.



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miércoles, 18 de febrero de 2009

Nuevo Testamento Griego WESTCOTT-HORT con strong´s


El año de 1881 tiene un significado especial por la publicación de la más notable edición crítica del Testamento Griego jamás producida. Después de 28 años de trabajo, Westcott y Hort, ambos profesores de Divinidad en Cambridge, produjeron dos volúmenes titulados El Nuevo Testamento en Griego Original. A diferencia de editores anteriores, ni Westcott ni Hort se abocaron a la comparación de manuscritos ni tampoco proveyeron un aparato crítico. Más bien, utilizando colecciones de variantes textuales previas, perfeccionaron la metodología crítica desarrollada por Griesbach, Lachmann y otros, y la aplicaron rigurosamente pero con discriminación, a los testigos del Nuevo Testamento.


Los principios y procedimientos de la crítica textual elaborada por ellos son demasiado extensos para explicarlos en detalle, pero pueden resumirse sumariamente como lo determinaron en su introducción, a saber: Las evidencias internas de la lectura; las probabilidades intrínsecas y de transcripción; los grupos de evidencias internas y las evidencias genealógicas.


Al mirar en retrospectiva y evaluar la obra de Westcott y Hort, puede decirse que los eruditos de hoy día están de acuerdo en que la principal contribución hecha por ellos fue la clara demostración de que el texto Bizantino, es posterior a otros textos. Tres formas principales de evidencias respaldan este juicio: primero, el texto Bizantino contiene lecturas combinadas o fusionadas que son claras composiciones de elementos de otros textos más antiguos; segundo, ninguno de los padres ante-niceno cita lectura alguna del texto Bizantino; y tercero, en la comparación entre las lecturas sirias con otras rivales, su aspiración de ser aceptada como original se encuentra gradualmente disminuida y finalmente desaparece. No puede ser sorpresa que el total rechazo que Westcott y Hort mostraron hacia las aspiraciones del Textus Receptus de ser el original del Nuevo Testamento, fuera visto con alarma por muchos hombres de la iglesia, y encontrara serias oposiciones. Baste decir que todos aquellos que se opusieron a la obra de Westcott y Hort no alcanzaron a comprender la fuerza del método genealógico, según el cual el texto más tardío y combinado se evidencia como secundario y corrupto.


El breve recuento de la obra de Westcott y Hort puede concluir con la observación de que el consenso mayoritario de opiniones eruditas reconoce que sus ediciones críticas fueron verdaderamente extraordinarias. Ellos presentaron lo que sin duda es el más puro y antiguo texto que podía ser obtenido con los medios de información de la época. A pesar de que el descubrimiento de nuevos manuscritos ha requerido la nueva alineación de ciertos grupos de testigos, la validez general de sus principios y procedimientos críticos son ampliamente reconocidos por los eruditos textuales contemporáneos.



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sábado, 14 de febrero de 2009

Versión Moderna 1929 - Henry B. Pratt


SANTA BIBLIA
VERSIÓN MODERNA

TRADUCIDA DE LAS LENGUAS ORIGINALES, Y COTEJADA DILIGENTEMENTE CON MUCHAS Y DIVERSAS TRADUCCIONES

Traducción de Henry Barrington Pratt
(1ª edición 1893, revisada en 1929)

«El mejor esfuerzo que vio el siglo XIX fue la traducción de toda la Biblia llevada a cabo por H. B. Pratt, que fue finalizada en 1893. Lamentablemente, no ha sido apreciada en toda su valía. Fue revisada en 1923, y vio sucesivas reediciones, la última de ellas en 1991. Es la conocida comúnmente como Versión Moderna (V.M.)» (1)

«Juan Pratt, honorable misionero presbiteriano, publicó en 1893 una versión de las Escrituras que él mismo cotejó con diversas traducciones entre las que incluyó a las de Casiodoro de Reina, Scío de San Miguel, Torres Amat y de Valera. La tradujo de los idiomas originales y le puso por nombre “Versión Moderna.” No obstante que algunos pasajes del Antiguo Testamento quedan mejor traducidos en esta versión, la obra adolece de muchos defectos, mayores quizá que los de cualquiera obra semejante y por ello mismo no ha tenido mucha aceptación entre el pueblo evangélico. La publicación de la Versión Moderna representa la piedad evangélica y celo cristiano del misionero Juan Pratt y la cooperación decidida de la Sociedad Bíblica Americana en la obra del extendimiento del Evangelio. Fue esta Sociedad Bíblica quien publicó esta obra.»(2)

«La Versión moderna. Elogiada por algunos que la consideran muy fiel a los idiomas originales (de los que fue traducida), su castellano puede calificarse de «duro», por carecer de fluidez.»(3)

«Otra de las traducciones que han alcanzado considerable circulación en Hispanoamérica es la llamada Versión Moderna, que preparó el Rvdo. H.B.Pratt. Fue publicada por primera vez en 1893 y una vez corregida y mejorada, volvió a imprimirse en 1929.» (4)

«En 1893, aparece publicada la Versión Moderna del Dr. Henry B. Pratt, cuya difusión estuvo a cargo de la Sociedad Bíblica Americana, evangélica. Esta versión estaba basada en los textos originales en hebreo, arameo y griego, y había tenido en cuenta las versiones de Reina, Scío de San Miguel y Torres Amat.»(5)

«En 1893 la Sociedad Bíblica Americana, evangélica, publicó y difundió por la vez la Versión Moderna del Dr. Henry B. Pratt, un norteamericano enamorado de las letras españolas y profundo creyente en la necesidad de difundir las Escrituras en los países que hablan este idioma. Basó su trabajo en los textos originales 1200 -hebreo, arameo y griego-, y cotejó cuidadosamente su traducción con las versiones de Reina, Scío de San Miguel y Torres Amat. Asimismo la comparó con la inglesa denominada King James o del rey Jacobo (KJV), conocida también como Versión Autorizada. Los entendidos no trepidan en señalar las virtudes de esta traducción, que por alguna razón no pudo desplazar el amor que evangélicos y protestantes de lengua española le profesan a la RVR. En 1929 se dejó de imprimir, y en la actualidad es muy difícil de encontrarla.» (6)

«Fue en el año 1893, “en que apareció la primera traducción de la Biblia de fuente protestante: La Versión Moderna. En sus fases iniciales fue trabajo de un individuo: H.B. Pratt. El tiene la distinción de ser el que inició la obra protestante en Colombia en 1856. En fecha posterior se trasladó a México en donde realizó su obra de traducción. Una conferencia misionera se llevó a cabo en México en 1888. En ella se nombró una comisión para colaborar con Pratt. El resultado de su labor se publicó en 1893 por la Sociedad Bíblica Americana. La edición original se caracterizaba por sus anglicanismos y faltas de elegancia en el lenguaje, problema que fue rectificado en parte por una revisión hecha en 1929. Esta es la primera traducción castellana que pudo aprovecharse de los descubrimientos, a mediados del siglo XIX, de los manuscritos bíblicos más antiguos. Straubinger dice que “merece ser mencionada por la fidelidad con que traduce los originales hebreo y griego”. Otro comenta que la traducción del Antiguo Testamento es mejor que la del Nuevo.» (7)


En 1893 la Sociedad Bíblica Americana, evangélica, publicó y difundió por la vez la Versión Moderna del Dr. Henry B. Pratt, un norteamericano enamorado de las letras españolas y profundo creyente en la necesidad de difundir las Escrituras en los países que hablan este idioma. Basó su trabajo en los textos originales 1200 -hebreo, arameo y griego-, y cotejó cuidadosamente su traducción con las versiones de Reina, Scío de San Miguel y Torres Amat. Asimismo la comparó con la inglesa denominada King James o del rey Jacobo (KJV), conocida también como Versión Autorizada. Los entendidos no trepidan en señalar las virtudes de esta traducción, que por alguna razón no pudo desplazar el amor que evangélicos y protestantes de lengua española le profesan a la RVR. En 1929 se dejó de imprimir, y en la actualidad es muy difícil de encontrarla.

La edición original se caracterizaba por sus anglicanismos y faltas de elegancia en el lenguaje, problema que fue rectificado en parte por una revisión hecha en 1929. Esta es la primera traducción castellana que pudo aprovecharse de los descubrimientos, a mediados del siglo XIX, de los manuscritos bíblicos más antiguos. Straubinger dice que “merece ser mencionada por la fidelidad con que traduce los originales hebreo y griego”. Otro comenta que la traducción del Antiguo Testamento es mejor que la del Nuevo.



sábado, 7 de febrero de 2009

Nuevo Testamento Griego - Texto Bizantino con strong´s


El copiado a mano dio lugar a que surgieran grupos de manuscritos que se caracterizan por tener aspectos en común, al contener variantes del mismo tipo. Conforman lo que algunos eruditos llaman «tipos o familias de textos». De hecho, los manuscritos en los que Erasmo, Etienne y los hermanos Elzevir basaron sus ediciones del Nuevo Testamento griego son del tipo bizantino.

Los especialistas consideran que este texto es de formación tardía (en comparación con el texto alejandrino o con el occidental, por ejemplo), y tiene la característica de ser lúcido y completo: quienes dieron forma a este texto trataron de eliminar cualquier dureza en el uso de la lengua, procuraron combinar dos o más pasajes que diferían entre sí para producir un texto expandido y más completo (lo que se conoce como «conflación»), y armonizaron pasajes paralelos divergentes.

El texto bizantino se ha llamado también siríaco, antioqueno, koiné y eclesiástico; se conoce, además, como texto recibido (textus receptus) y texto mayoritario. Fue probablemente producido en Antioquía de Siria y llevado a Constantinopla (antigua Bizancio). De allí -es a saber, desde la capital- se distribuyó por todo el imperio bizantino.

Por la labor de los impresores del siglo 16, este texto sirvió de base para casi todas las traducciones del Nuevo Testamento a los idiomas modernos, hasta el siglo pasado. Hay algunas personas que hablan o escriben acerca del «texto recibido» (o «texto bizantino») como si se tratara de un texto único, sin variantes; pero no es así.

Basta echar una ojeada al aparato crítico de una edición de ese texto (como la publicada por Hodges y Farstad, con el título de The Greek New Testament according to the Majority Text [Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1982]) para darse cuenta de que hay también muchas variantes entre los manuscritos que componen el texto bizantino.

La complejidad del proceso de transmisión del texto griego del Nuevo Testamento, con múltiples influencias, da razón de ese hecho. Se añaden, además, los problemas planteados por las traducciones antiguas: Estas también presentan sus propias variantes, algunas de ellas debidas a nuevos factores (como, por ejemplo, que el traductor no conociera a cabalidad alguna de las lenguas con las que trataba, ya fuera su propio idioma o el idioma del texto del que traducía o al que traducía).

Los manuscritos griegos utilizados por los impresores que hemos mencionado eran, con algunas excepciones, los manuscritos más antiguos de que ellos disponían. Las excepciones fueron pocas. Sobresale el hecho de que Teodoro Beza, el amigo y sucesor de Calvino en Ginebra, aunque había adquirido un manuscrito del siglo 5º (el Códice Beza) y otro del siglo 6º (el Códice Claromontanus), hizo muy poco uso de ellos en sus propias ediciones del Nuevo Testamento griego (que fueron por lo menos diez; la última, póstuma).

Esta reticencia se debió, probablemente, al temor que sentía de presentar a la comunidad académica un texto con significativas variantes. Las ediciones mencionadas (del Nuevo Testamento griego) constituían, por ende, el material en esa lengua bíblica de que disponían los traductores del texto sagrado. No había otro.

Traducciones contemporáneas

Aparte de las revisiones de la versión Reina-Valera, en años recientes los evangélicos de habla castellana han producido pocas nuevas traducciones. Estas ya no usan, para el Nuevo Testamento, el texto recibido, sino una edición crítica del texto griego, de carácter ecléctico, como la publicada por Sociedades Bíblicas Unidas o por la Sociedad Bíblica Alemana.

Lo dicho es válido no solo respecto de la traducción conocida como «Dios habla hoy» (de carácter interconfesional y publicada por Sociedades Bíblicas Unidas), sino también, por ejemplo, respecto del «Nuevo Testamento, Salmos y Proverbios. Nueva versión internacional», de la Sociedad Bíblica Internacional.

En esta última traducción, las variantes que aparecen en el texto recibido son relegadas a notas al pie de página. Lo mismo se aplica a la versión llamada «Biblia de las Américas», la que incluso señala -en sus «Principios de traducción»- que «en general se ha seguido el texto del Novum Testamentum Graece de Nestle-Aland en su vigésima sexta edición».

Y aun la revisión de la Reina-Valera conocida como «Reina-Valera Actualizada» (de la Casa Bautista de Publicaciones) indica explícitamente que «se basa en los mejores textos griegos conocidos en la actualidad, tal como aparecen presentados en la tercera edición del Nuevo Testamento griego de Sociedades Bíblicas Unidas».



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