lunes, 7 de diciembre de 2009

La Sagrada Biblia Jünemann




La primera traducción completa de la Biblia al castellano hecha en América, finalizada el año de 1928. El Nuevo Testamento fue publicado ese mismo año de 1928, pero el Antiguo Testamento quedó sin publicarse hasta el año de 1992. Caracterizada por su marcada literalidad, incluso en el orden de las palabras, y por traducir el Antiguo Testamento según la antigua versión griega de los LXX, también conocida como Septuaginta.

Straubinger lo califica como «el primer traductor de la Biblia en la América católica» (p. 12). Quizá la calificación «católica» se deba a que conocía de la American Standard Version, de 1901, pero ésta es tan sólo una revisión de la inglesa Revised Version de la década de los ochenta del siglo XIX, o la edición conocida como Biblia de Chicago (1931), cuyo Nuevo Testamento fue publicado por E.J. Goodspeed en 1923; los libros del Antiguo Testamento según el canon protestante, fueron publicados por J.M. Powis Smith, T. Meek y otros, en 1927; y los demás libros para, recién, completar la Biblia según el canon de la Iglesia fueron añadidos en 1939 (ver “San Jerónimo” 69: 161 y 164).

El Nuevo Testamento fue publicado por primera vez en 1928. Se trata de un texto sumamente literal que se ajusta al griego incluso en el orden de las palabras. El padre Jünemann lleva muy metida en las venas la precisión tan querida por el genio alemán de sus antepasados, y elige realizar una traducción lo más literal posible. Se da pocas libertades a pesar de que afirma su propósito de «verterla (la palabra divina) de modo que no tuviese yo que avergonzarme delante de Dios por irrespetuoso, ni delante del idioma español, ruborizándome de rigidez y pobreza» (103). El literalismo que se percibe más parece responder al primer criterio.

Igual sentido literal se aprecia en el texto del Antiguo Testamento, que bien podría servir para una edición interlineal con el texto griego, de conocerse con seguridad de qué obras traduce (104) Jünemann, calificado por Mons. Straubinger de «excelente conocedor de la lengua griega y formado en la escuela de San Crisóstomo, cuyos escritos eran su lectura predilecta» (105).

La traducción del padre Jünemann constituye aún hoy un testimonio bíblico de valor único. Incluso su literalidad extrema puede servir para seguir desde el castellano el texto griego de los LXX o el del Nuevo Testamento. Precisamente, G.Ma Verd, hablando en general, señala: «Las versiones literales transparentan el texto original, y pueden ser sumamente iluminadoras en la lectura privada» ; queda, pues, claro que no son para uso general ni pastoral. En todo caso, la magna empresa de Jünemann permanece como un hito muy especial en la historia de la traducción de la Sagrada Escritura al castellano, y merece ser mejor conocida.





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